Visita al museo, al claustro y a la cripta de la Catedral

coleccion permanenteUna de las visitas indispensables en la ciudad de Santiago de Compostela es el Museo de la Catedral, donde las siete salas, además de la cripta, se abren ante el caminante para que descubran a fondo los secretos mejor guardados. Una de las razones, por las que, desde Catedral Suites, recomendamos completar el trayecto por los tres espacios abiertos del templo metropolitano de Compostela, es que da una visión completa: la religiosa, la militar y la económico-cultural, que es la que domina el museo.

En la primera sala, se muestran las evidencias arqueológicas que relatan la existencia de Compostela antes de Santiago: trozos de vajillas y estelas funerarias hablan de un lugar que sirvió de refugio durante la alta edad media a las comunidades cristianas que intentaban reorganizar el territorio sosteniendo a una vieja administración romana que agonizaba, y que se mezclan con los motivos decorativos geométrico, de origen germano.

Una sala imprescindible es la segunda: situada en el bajo del museo, reproduce el coro pétreo que coronaba el altar mayor durante la Edad Media. Esta obra, producto de la mano del Mestre Mateo y su taller, muestran hasta qué punto Compostela se convirtió en el lugar idóneo para desarrollar las técnicas y los saberes que se acumulaban en la reorganización política y cultural de Francia y su expansión en el norte ibérico gracias al Camino.

Otras obras de belleza y excelencia técnica se atesoran en esta sala segundo, que nos cuenta el siglo XII. Las obras del Mestro Esteban y del Mestre dos Panos Mollados.

Muchas de las piezas escultóricas, así como los sillares con los que se construyó el coro pétreo se reutilizaron tanto en la construcción de la fachada barroca del Obradoiro como en el gran collage románico que es la portada de Platerías. En estas salas se contextualiza y explican estas piezas, y lo mejor: pueden apreciarse más de cerca, con toda la precisión de los biseles medievales.

Las siguientes estancias pertenecen a la construcción de la catedral a partir del siglo XIII. A medida que se acaban las fases de construcción del templo, la muestra cambia hacia el tesoro de la catedral. En la sala cuarta se guardan piezas de arte mueble desde el siglo XV. A pesar de que la pérdida de importancia de la ciudad comienza a revelarse en las toscas figuras, que ya no se encuentran en la vanguardia artística del momento, también cuentan cómo crecía Compostela: las figuras de los santos donadas por los gremios hablan de cómo crecen los burgos urbanos y, en definitiva, la vida.

catedral de santiagoClaustro de la Catedral

Aunque dos de los lugares que más impresionarán al visitante son dos espacios abiertos: en primer lugar, el claustro. Obra de Rodrigo Gil de Hontañón, en su estilo entendemos la evolución de los tiempos, y cómo Santiago ha dejado de ser un foco emisor para reproducir patrones arquitectónicos y artísticos del resto del reino de Castilla. Su conclusión es parte de la riqueza de naciente imperio español.

El segundo lugar es la balconada del museo, en el segundo piso y que ofrece una vista incomparable de la plaza do Obradoiro, completando el juego arquitectónico con la fachada de la catedral, el pazo de Raxoi, el colegio de san Xerome y el Hostal.

En las siguientes dependencias encontramos piezas inigualables, como en la biblioteca: desde el Códex Calixtinus hasta el libro de la ciudad, en el que los personajes más importantes que visitaban Compostela dejaban su firma en él. Un detalle: está abierto en la página en la que firmó Federico García Lorca.

La visita termina en la cripta de la catedral: un espacio cavernoso y frugal que sirve de prólogo y solución arquitectónica al la Jerusalén Celeste que se yergue unos metros sobre nuestras cabezas. Entre las piezas expuestas en esta cripta, imitación simbólica del mundo como valle de lágrimas, destacan las reproducciones de los instrumentos que tocan los 24 ancianos del apocalipsis en la arquivolta central del Pórtico da Glória.

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